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martes, 24 de abril de 2012
LOS ESPOSOS
Los Ajustes Iniciales
y Algunos Problemas Comunes
Ajustes. Problemas. ¿Qué te parece el tema? ¿ Negativo? ¿Realista?
Para el soltero que aún no conoce el amor, el tema resulta muy lógico y realista pues de estas cosas se trata la vida. En cambio, la persona enamorada muchas veces queda cegada a tales cosas y reacciona con, "Estoy seguro que otras parejas tienen que pasar por problemas y ajustes difíciles una vez que se casan. ¡Pero nosotros no!" Y el individuo ya casado fácilmente pudiera comentar, "¿Cómo pude ser tan ingenuo? ¡Y nadie me lo advirtió...o no le creí! Ahora, ¿qué haremos?"
Cuando un hombre y una mujer entran en una relación tan íntima como el matrimonio, descubren 50 ajustes y problemas. Las razones son variadas. El mero hecho que son del sexo opuesto les da reacciones, ideas, emociones, valores, ambiciones, deseos y puntos de vista que no solamente se distinguen, sino que a veces también se oponen. Añadimos el hecho que vienen de dos distintas familias, y aumentan las diferencias. Luego existen las diferencias que resultan de distinciones económicas, escolares, religiosas y ambientales. ¡Y ya llegamos a los "sin cuenta" ajustes y problemas que mencioné!
Diferencias. O destruirán el matrimonio o lo enriquecerán. Lo interesante es que el resultado depende en gran manera de la pareja. El propósito de este capítulo no es solucionar todo problema ni ayudar en hacer todo ajuste. Sí quiero mostrarte algunas soluciones a algunos problemas y darte ciertas claves para lograr ciertos ajustes.
Ajustes Iniciales
¡QUE DIFERENTE! Ayer era novio; hoy soy esposo. Ayer dormí solo; hoy comparto mi cama con una mujer. Ayer aún existía la posibilidad de perderla a otro hombre; hoy se acabó la conquista. Ayer viví con el punto de vista masculino; hoy necesito vivir con el punto de vista femenino también. Ayer no me era lícito tocarla íntimamente; hoy aun el sexo se nos permite. Ayer era responsable por mí mismo; hoy soy responsable por nosotros. Ayer la vi a su mejor; hoy la veo como es normal. Ayer pude ocultar mis malos hábitos; hoy será más difícil. Ayer viví en sueños; hoy empezó la realidad. Ayer era soltero; hoy me casé. ¡QUE DIFERENTE!
No existe otra relación social que demande de los participantes ajustes tan repentinos y extraordinarios. Con razón tantos matrimonios fracasan de una manera u otra. Y a ti te digo que tu propio matrimonio será, o seguirá siendo, un desastre si tú y tu cónyuge no logran hacer estos ajustes en una manera madura y sana. Cada matrimonio exitoso logra ese estado cuando cada persona se esfuerza por ser comunicativo, paciente, amoroso, humilde y generoso. Los ajustes bien logrados ayudan a formar un matrimonio sólido y satisfactorio. Veamos sólo cinco ajustes esenciales.
Nosotros
Todos acostumbramos pensar en términos personales: yo, mi, me. Todos planeamos nuestras vidas alrededor de nosotros mismos. Todos naturalmente somos egocéntricos. Pero en el matrimonio, eso tiene que cambiar. De repente, ya no soy yo, soy nosotros. Qué raro. ¡Y qué difícil!
Ayer, si me daba la gana, salía a jugar al béisbol o me recostaba a leer un libro. Ayer, si yo quería, cambiaba de trabajo o no me rasuraba. Ayer, según mi antojo, compraba una Pepsi o me pasaba todo el día con mis amigos. Ayer, conforme a mis emociones, tocaba himnos en la grabadora o me iba solo al monte. Ayer. Pero, ya no soy yo, soy nosotros. Qué raro. ¡Y qué difícil!
Creo que éste es el ajuste principal. Si lo logramos, los demás ajustes serán tanto menos complicados. Mi mentalidad tiene que cambiar de lo que yo quiera a lo que ella quiera. La mentalidad de ella tiene que cambiar de lo que ella quiera a lo que yo quiera. Y juntos debemos considerar lo que nos es bueno y provechoso a ambos.
La Biblia dice sin equivocación que Dios toma a dos y los une en uno. Esto significa que ya no debo vivir para mi bien, sino para nuestro bien. Significa que mi vida y su desarrollo quedan inseparablemente enredados con la vida de mi esposa (se llama Rubí). Nuestras vidas son para compartir entre nosotros. Debe existir entre nosotros un nivel de comunicación que no existe en ninguna relación que podamos tener con cualquier otra persona.
Todo esto impacta en nuestras vidas en maneras tremendamente prácticas. Ya no juego al béisbol o al ajedrez con la frecuencia de antes. Ya no paso largas horas en compañía de mis amigos o de mis libros. Ya no salgo a pasearme solo con la frecuencia de antes. ¿ Porque no me gustan esas cosas ya? ¡Claro que no! La cosa es que ahora tienen una importancia secundaria a mi relación con Rubí. Aún me entretengo con algún juego o con mis amigos o solito, pero menos que antes. Igualmente con Rubí; ella me ha puesto a mí y a nuestra relación en una posición semejante.
¿Y qué de los libros y la grabadora? El mismo principio rige. Hay ocasiones cuando quiero leer pero Rubí necesita alguien con quien platicar o alguien que le ayude tender la ropa. Entonces no leo; eso lo podré hacer en otra ocasión. De vez en cuando se me antoja escuchar música en la grabadora. Pero ¿qué haré si Rubí quiere escuchar un mensaje o quiere que vaya a comprar un kilo de harina o no más quiere silencio en ese momento? Por amor a ella e interés en nosotros, no escucharé música en esa ocasión.
"¿Para dónde vas?" "¿Qué estás pensando?" "¿De dónde vienes?" "¿Por qué hiciste esto?" "¿Con quién platicaste?" "¿Qué hiciste hoy?" "¿Cuándo vas a volver?" "¿Qué piensas hacer hoy?" " ¿Qué te dijo fulano?" Me imagino que fueron preguntas como éstas que impulsaron esta pregunta de un amigo mayor: ¿Por qué son las esposas tan entremetidas en los negocios de sus esposos?" Francamente, las preguntas al principio de este párrafo no deben ser necesarias. Los cónyuges deben compartir sus vidas el uno con el otro. Nuestros planes, nuestros pensamientos, nuestras experiencias son para confiarse con nuestros cónyuges. Si Rubí tiene que hacerme este tipo de preguntas o si yo tengo que hacérselas a ella, entonces hemos fallado en funcionar como nosotros. El individuo que opina que su esposa se entremete en sus negocios aún no comprende que ya no es yo. Siendo que ahora son uno, ambos tienen derecho a todo lo del otro.
Un ajuste de esta magnitud requiere tanto un cambio de punto de vista como un cambio de vida. No es fácil, pero sí es posible. Te sugiero tres cosas que ayudan en esto grandemente:
1) el apoyo y la ayuda de Dios
2) un noviazgo bien fundamentado
3) el amor.
Cualquier matrimonio puede ser feliz, exitoso y lleno de nosotros. Aun el matrimonio pagano. Pero la abundancia matrimonial en todos sus aspectos es la bendición exclusiva de aquellos cónyuges que conocen a Dios. Para transitar este ajuste de nosotros (y cualquier otro ajuste), busca el apoyo y la ayuda de Dios. El puede hacer los cambios fundamentales en el corazón para cambiarnos de yo a nosotros. El especializa en cambiar puntos de vista y propósitos de vida.
Si tú aún no te has casado, entonces hay algo que puedes hacer antes de casarte. Dale a tu noviazgo un fundamento bueno y sólido. El ajuste al nosotros matrimonial les es cosa natural a aquellos que han practicado el concepto de nosotros en el noviazgo. Muchas parejas limitan sus matrimonios aun antes de casarse. Eso suena raro, ¿verdad? Sucede más o menos de esta manera. Se enamoran en un sentido físico. Su atracción es física. Se conocen físicamente nada más. Se conocen poco o nada en el aspecto espiritual. Se casan. ¡Pún! A las pocas semanas (o días, quizás) descubren que se casaron con un desconocido. Los ajustes les son difíciles si no imposibles.
El amor. Tal vez te parezca extraño que lo mencione en conexión a los ajustes. ¿Sabes que muchos se casan sin conocer el amor? ¡Es cierto! Cada uno está tan ocupado con yo que no puede preocuparse en la otra persona. Toda relación entre ellos se basa en lo que pueden conseguir personalmente. Aun lo que hacen a favor del otro es con el propósito de conseguir algo para sí mismos. El amor genuino se interesa solamente en el bien para el otro sin interés alguno en provecho o recompensa personal. Medita en estos pasajes bíblicos que pintan un paisaje del amor genuino.
"Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos" (Cantares 8.7).
"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15.13).
"El amor sea sin fingimiento" (Romanos 12.9).
"El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor" (Romanos 13.10).
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13.4-8).
"Todas vuestras cosas sean hechas con amor" (1 Corintios 16.14).
"...Servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas 5.13).
"Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor" (Efesios 4.2).
"El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4.8).
El Sexo
Después de esos versículos sobre el amor verdadero y su énfasis acompañante en nosotros, cabe muy bien tratar en breve el ajuste sexual. Este ajuste no es ni natural ni ligero ni sencillo como la mayoría imagina. La cultura mundial decadente nos ha colmado de información y observación sexual, pero aún así, este ajuste matrimonial es algo delicado que requiere bastante amor y nosotros. [Para encontrar ayuda más detallada sobre esto, consulta con alguna librería evangélica o con Lámpara y Luz.]
El amor y la resultante consideración deben marcar nuestras relaciones sexuales con nuestros cónyuges. Cada cónyuge se dedicará a darle al otro el placer y la satisfacción sexual que anhela y necesita. No se preocupará tanto por sus propias necesidades y sus propios anhelos.
El amor del esposo ha de mostrarse a través de la paciencia. El fuego sexual de tu esposa es más lento y prolongado que el tuyo. Aunque tú puedes estar ardiendo en pocos minutos, ella ocupa más tiempo. La inclinación normal del marido es conseguir su propia satisfacción sexual lo más pronto posible. No quiere esperar hasta que su esposa esté lista. Pero tu amor y paciencia te darán el control personal para esperar y ayudar a tu esposa llegar al mismo nivel de excitación sexual. Usa palabras dulces y amorosas y caricias tiernas y sabias en este tiempo de espera y preparación.
El amor del marido también debe mostrarse a través del respeto y la cortesía. Si ella está turbada por algún problema, interésate más en ayudarle a ella encontrar la solución o la paz que en satisfacer tus propios deseos sexuales del momento. Si ella está tremendamente agotada o levemente enferma, ni siquiera le insinúes tus necesidades sexuales; ocúpate más por su bienestar. Si ella no más no tiene ganas sexuales, no te portes como un monstruo sexual que tiene que ser satisfecho o no estará de buen humor. O si ella por palabra o acción te expresa deseos sexuales, haz todo en tu poder por satisfacerla, aunque estés cansado o no tengas ganas o estés preocupado por algo.
El amor de la esposa se mostrará en una manera compasiva y comprensiva. Recuerda que la pasión sexual de tu esposo se enciende fácil y rápidamente. Reconoce que en este mundo hay todo tipo de incitación sexual que afectan al varón más fuertemente que a la mujer. No le condenes por ello sino está gozosamente disponible para satisfacerle. Di como la esposa de Salomón, "Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento" (Cantares 7.10). Esto significa que habrá bastantes ocasiones cuando participarás en las relaciones sexuales sin tener necesidad personal. Pero lo harás por amor a tu esposo. Y hazlo de buena gana; no eres usada por tu marido...eres necesitada por él. Aunque no arda en ti la pasión sexual en esa ocasión, esfuérzate por ser una amante activa, imaginativa y emocionante para él. En Cantares 7.12, la esposa invita a su esposo con unas palabras muy atractivas y románticas: "Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores."
Los Gustos
Ella prefiere tortillas de harina; él, de maíz. A él le gustan los blanquillos estrellados; a ella le caen mejor revueltos. Ella es una de esas personas que les encanta salir a visitar; el es de aquellos que están más satisfechos quedándose en casa. El está acostumbrado a acostarse temprano; ella nunca se acostaba antes de las once. A ella le gusta el té; a él le encanta el café. El quiere las relaciones sexuales con la lámpara prendida; ella quiere todo oscuro. Estas ilustraciones son pocas y sencillas pero te dan buena idea a lo que me refiero; tú podrás añadir tus propios gustos que son diferentes u opuestos a los de tu cónyuge.
Los dos acostumbraban dormir en el lado izquierdo de la cama. Ambos siempre se sentaban en una silla mecedora, pero ahora nada más tienen una. El siempre llevaba una grabadora al trabajo y ella siempre tenía una tocando mientras hacía sus negocios en casa, pero no tienen dos grabadoras. En sus respectivas familias, ellos eran los únicos que se comían el hígado cuando comían pollo. Sin duda alguna, tú y tu cónyuge han descubierto cosas de esta índole: tienen gustos iguales pero sólo uno puede gozar de ellos a la vez.
Hay una manera fácil y muy común para solucionar estos problemitas. Siendo que el esposo es el jefe del hogar, él insistirá en tortillas de maíz, huevos estrellados y café...y a él le tocarán los hígados de pollo. El dirá que no quiere visitas en casa y que se acostarán tempranito con él ocupando el lado izquierdo de la cama. Y por supuesto que el sexo ocurrirá con la luz prendida. La silla mecedora y la grabadora serán para su uso exclusivo.
Quiero retarte a considerar otra solución. Una solución bíblica. No es una solución fácil, por lo tanto, tampoco es común. ¿Cómo te impactan los siguientes versículos?
"...Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:39).
"Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros" (Romanos 12:10).
"...Servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas 5:13).
"...Sed benignos unos con otros" (Efesios 4:2).
"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3).
"En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos" (1 Juan 3:16).
Consideración mutua. Preferencia al cónyuge. Sacrificio de los deseos personales. Esa es la solución bíblica. Esa es la solución que traerá paz, harmonía, satisfacción y gozo a toda relación matrimonial y familiar.
En bastantes áreas, simplemente podrán tomar turnos. En cuestiones sexuales, es importantísimo que el marido dé preferencia a su esposa. Y en cuanto a qué lado de la cama cada uno usará...tal vez se tratará de quien renuncie sus deseos primero o de echar suertes.
Ahora bien, una vez que estas cosas se solucionen en una manera general, ¡entonces llega el tiempo para las sorpresas! Por ejemplo, el próximo hígado le toca a él. Cuando ella se levanta y le da la espalda para traer el té, él rápidamente pone el hígado en el plato de ella. ¿Otro ejemplo? En la oscuridad del cuarto hay caricias y besos en cantidad cuando ella se escapa del abrazo de él y levantándose repentinamente, prende la lamparita. Lo que quiero decir es que, después de establecer ciertos patrones de vida y comportamiento, todavía existen oportunidades en abundancia de mostrar amor, estima y preferencia. ¡Qué Dios inspire tu imaginación y creatividad!
Los Hábitos
¿Cómo oprimes el tubo de pasta dental? ¿Qué haces con la ropa sucia al terminar el día? ¿Cuántas cucharas usas en cada alimento? ¿Masticas la comida con la boca abierta o cerrada? ¿Dónde pones la toalla después de bañarte? ¿Cómo te suenas la nariz? ¿Qué tan olvidadizo eres? ¿Qué tan pronto contestas las preguntas que te hace tu cónyuge? ¿Qué haces con las manos cuando platicas? ¿Interrumpes al que está hablando? ¿Cómo estornudas? ¿Guardas las cosas cuando terminas de usarlas? ¿Dás siempre las gracias cuando es propio? ¿Recuerdas decir "por favor"? ¿A qué hora despiertas en la mañana?
Todos tenemos hábitos y costumbres que a nuestro parecer son muy normales. Y todos tenemos hábitos y costumbres de los cuales no estamos enterados, pues los hacemos de una manera automática y subconsciente. Algunos hábitos son buenos, otros malos; la mayoría son inofensivos en sí. Entre todas estas cosas habrán algunos hábitos que podrán causar conflicto con el cónyuge: le caen mal o le parecen innecesarios o no puede comprender cómo podemos hacer tales cosas. Cómo reaccionamos a todo esto afecta nuestro gozo matrimonial.
Un hábito desagradable pronto puede llegar a ser muy enfadoso. La situación puede llegar al grado que ya no puedes aguantar estar en presencia de tu cónyuge. Es importante encontrar la solución a este dilema lo más pronto posible o empezarás a reaccionar mal. Te presento dos pasos que tomar.
En primer lugar, reconoce que no es tu negocio cambiar y mejorar a tu cónyuge. Tú eres responsable por ti mismo. Recuerda que tú también tienes hábitos y costumbres que le puedan caer mal a tu cónyuge. Así que, cuando observes algo en él que no te guste, investígate a ti mismo para ver si acaso hay algo en ti que le pueda caer mal a él. Y esfuérzate por cambiarte a ti mismo. Ah, ¿no observaste nada cuando te investigaste? Bueno, pregúntale a tu cónyuge, "Querida, ¿acaso tengo algún hábito que te enfada? Dime, por favor, y trataré de cambiar." (¡No te enojes ni te sientas ni hagas excusas cuando te diga algo!) Si tomas esta ruta, posiblemente no tengas que tomar el segundo paso. ¿Por qué? Porque es casi natural que después que tú le hagas esa pregunta, ella te haga la misma y entonces tendrás la oportunidad de comentarle sobre lo que te es tan molesto. Pero cuídate por decir las cosas en una manera que no sea acusatoria.
El segundo paso es muy delicado y ha de tomarse solamente si tu cónyuge no te pregunta si hay algo en él que te molesta. Pídele a Dios que les dé una buena oportunidad de hablar francamente. También pídele sabiduría para decir las cosas mansamente con toda calma. Y entonces espera el momento oportuno para decirle, "¿Sábes algo, querido? Me fastidia tanto cuando dejas las toallas tiradas en un rincón. Yo sé que tienes mucha prisa y que es mi negocio encargarme de tales cosas. Pero me sería de tanta ayuda si pudieras poner tu toalla en la espalda de esta silla. Así se secará más rápidamente y no se ensuciará y yo la podré encontrar más fácilmente." Rehúsa usar palabras como nunca y siempre. La moderación traerá mejores resultados que la exageración. También te hago recordar que este tipo de franqueza no es para cualquier momento. Si está cansado o de mal humor, no se lo digas. Si ya tienen un desacuerdo y hay tensión entre ustedes, no se lo digas. Si se acaba de quejar contigo sobre algo, no se lo digas. Si tienen visitas o si los niños están presentes, no se lo digas. Mejor espera...hasta que estén solos...hasta que haya paz entre ustedes...hasta que estén de buen humor.
Si estos dos pasos no solucionan el problema, entonces tienes que pedirle al Señor paciencia para vencer tu impaciencia. Aprende a soportar ese hábito con todo el amor que le tienes a tu cónyuge. Y deja de enfocar en eso pues no vale la pena irritarte por tales cosas. Con la ayuda del Señor, goza de la vida, y que los hábitos desagradables de tu cónyuge no te quiten la paz y el contentamiento.
Se Acabó la Conquista
"Cuando todavía estábamos noviando, José siempre quería tener su brazos alrededor de mis hombros o de mi cintura. Ya que nos casamos...no me abraza. En aquel entonces, platicábamos más; ahora casi nada. Me gustaba más nuestra relación cuando éramos novios nada más."
¿Te suena conocido ese refrán? Es un problema común y normal. El título de esta sección da la suma de la explicación. Cuando ya no hay temor de perder al objeto de nuestro afecto, nuestra relación con esa persona puede perder su lustre. Antes temías que te dejará tu novia, así que te esforzabas por comportarte en la mejor manera posible. Pero ahora que es tu esposa, tu buen comportamiento salió volando. Antes temías que tu novio perdiera su interés en ti a favor de otra señorita, así que siempre te presentabas en tu mejor aspecto. Pero ahora que es tu marido, esas cosas disminuyeron en importancia.
Encuentra un equilibrio sano en esto. Tienes que reconocer que el noviazgo no es un tiempo de relaciones normales...cada individuo trata de mostrar solamente lo bueno que hay en sí. Después de la boda la vida se vuelve más normal y rutinaria...y entonces es imposible seguir ocultando las cosas negativas. También tienes que reconocer que el amor, el afecto y el romance del noviazgo sólo marcan el principio y deben mejorarse después de la boda y al avanzar los años.
Ernesto y Mireya noviaron un año. En ese período, él le llevaba una rosa cada sábado. En una ocasión cuando ella le dejó caer una maceta en el pie, Ernesto se rió y le dijo que no fue gran cosa. A Ernesto le encantaba salir a pasear con Mireya. Cuando Ernesto llegaba a visitarla, Mireya siempre le ofrecía café o agua fresca. No había favor que él le pidiese que ella no estuviera dispuesta a cumplirle. Y una vez cuando él por descuido le manchó el vestido favorito, ella le dijo que olvidase el asunto. Ambos se esforzaban por agradar al otro.
Ahora tienen dos años de casados. Hace como 23 meses que Ernesto le llevó la última rosa a Mireya. Y son raras las veces que caminan juntos, aun para asistir a los cultos. Ayer cuando ella accidentalmente le tocó la mano con el sartén caliente, él explotó con coraje y palabras abusivas y acusatorias. Cuando Ernesto llega del trabajo, Mireya no sale a recibirle. Ya no se le ocurre tenerle listo el café. Si él le pide algún favor, ella reacciona acusándole de ser flojo y mandón. Y todavía ella no le deja olvidarse que hace quince días él le quebró el florero favorito. Buscan agradarse el uno al otro sólo cuando les conviene personalmente.
¿QUE PASO? Se acabó la conquista.
¿Y no habrá solución? Claro que sí. Es tiempo de volver a tú y nosotros. Es tiempo de olvidar a yo. Es tiempo de reconocer que el amor, el romance y el respeto no es para el gozo exclusivo de los solteros. Es tiempo de comprender que el reto de retener el amor, la estima y la pasión del cónyuge requiere más esfuerzo que la tarea de ganarse un cónyuge en primer lugar. Se requiere diligencia y bastante trabajo hacer arder una gran fogata, pero una vez que esté ardiendo, ¿ya se acabó el trabajo? ¡ NO! Ahora se requiere mucho más esfuerzo para mantener el fuego, si no, se apagará. Igualmente en el matrimonio.
Ernesto y Mireya pueden dejar que su fogata se apague por completo. O pueden reconocer el peligro que enfrentan y empezar su noviazgo de vuelta y nunca dejar que se acabe.
"¿Cómo puedo conquistar a mi cónyuge hoy?" Cada persona casada tiene que hacerse esa pregunta. Si enfrentas cada día con esa mentalidad, descubrirás bastantes oportunidades para ser de bendición, ánimo y alegría a aquel individuo con quien te casaste. Y también disfrutarás de lo mismo para ti.
Problemas Comunes
La sección anterior trata los ajustes que típicamente son la tarea de cada pareja recién casada. Vimos como los ajustes mal o no hechos conducen a problemas serios. En esta sección cambiamos el título pero a la verdad, continuamos hablando de ajustes que cada individuo tiene que hacer si quiere realizar el éxito en su matrimonio y en su vida personal.
Dejando Padre y Madre ("¡Dónde está mi mamá!")
Esta es una de las instrucciones primarias para cada individuo casado o listo para casarse. La Biblia enfatiza su importancia, mencionándola cuatro veces:
"Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24; ve también Mateo 19:5, Marcos 10:7 y Efesios 5:3).
¿Qué querrá decir Dios con tal instrucción? Ningún humano puede pretender conocer la respuesta en su totalidad, pero quiero sugerirte que aquí Dios describe el inicio de una nueva relación entre hijos y padres. Esta relación se suma con algunas palabras--independencia, separación, dejar. Enfocaremos en cuatro aspectos.
Dejar Físico. La pareja de recién casados establece su propio hogar en su propia casa o habitación. Viven separados de sus padres. La distancia geográfica entre la pareja y sus padres no es muy crítica. Lo importante es que vivan aparte.
Independencia Económica. El nuevo esposo se vuelve el único sostén de su esposa. Los padres ya no se ven obligados a suplir para las necesidades económicas y materiales de la pareja. En algunos casos, posiblemente sin intencionarlo, los padres llegan a usar el dinero y las cosas materiales para influir y controlar a sus hijos ya casados. La pareja recién casada debe tratar de impedir que surja este problema. La mejor manera es dejar.
Separación Emocional. Tanto el marido como la mujer debe comprender que su matrimonio importa más que los lazos emocionales que les unen a sus padres. Si el matrimonio de ustedes se efectuó con la aprobación y el apoyo de sus padres, esta nueva relación se hace menos difícil.
Cuando haya conflictos en tu matrimonio, ¡no corras a casa a quejarte con tu mamá! Te aseguro que si tu cónyuge se entera de tus "llantos" con ella, tus problemas matrimoniales sólo aumentarán. Sin embargo, este dejar emocional no quiere decir que ahora pasarás por alto a tus padres ni que te olvidarás de ellos. Tú y tu cónyuge tienen que vivir su propia vida pero aún deben disfrutar de la amistad y de los consejos de sus padres. Por esto es bueno visitarles regularmente, juntos o individualmente.
Dejar Público. El dejar el hogar de los padres debe ser un acto atestiguado por la comunidad y las autoridades. El hombre y la mujer públicamente toman votos de fidelidad y lealtad. Prometen serse fieles el uno al otro durante toda su vida. La pareja se comprometen para una tarea de toda una vida y así inician y mantienen la nueva familia.
Si uno o ambos fallan en obedecer el mandato de Dios de dejar padre y madre, descubrirán una gran fuente de problemas, desacuerdos, tristezas y desdichas. Tal vez esta amonestación te llega demasiado tarde.
Tus suegros controlan a tu marido porque ustedes dependen de ellos en una manera económica.
Hoy en la mañana le dijiste a tu esposa que no limpia la casa tan bien como lo hace tu mamá.
Ayer le dijiste a tu esposo que él no es tan trabajador y considerado como tu papá.
Tu esposo se pasa la hora de la siesta dormido en un catre en el patio de sus padres.
Tu esposa corre a llorarle a su mamá cuando tú y ella tienen desacuerdos.
Ayer tuviste un desacuerdo con tu suegra y tu esposo apoyó a su mamá.
Te pasas la mayoría de tus días en casa con tu mamá y no estás en casa cuando llega tu marido del trabajo.
Sin duda alguna, el descuido de tú y tu cónyuge en estas áreas les ha traído bastantes desacuerdos, tensión emocional e infelicidad. ¿Ahora qué hacer?
Reconozcan que no han obedecido fielmente el mandato de Dios de dejar padre y madre. Confiesen sus errores los unos a los otros, pidiendo perdón. Explíquenles a sus padres que estarán esforzándose por hacer las cosas en una manera más bíblica. Pídanles su apoyo en esto. Dejen a sus padres en las maneras detalladas en esta sección.
martes, 8 de junio de 2010
Los pastores, así como los entrenadores, deben conocer el arte de motivar
Jesús fue un motivador excepcional. Jesús actuó, habló y estableció principios para animar a las personas a avanzar, a alcanzar lo más alto y a hacer más de lo que jamás habrían hecho por su propia cuenta e iniciativa. El sabía cómo ayudar a la gente a salir de su mundo normal y vivir algo nuevo, algo extraordinario. Jesús nos demostró como motivó a las personas a seguirle, a levantarse, a tener fe, a ser valiente y a arrepentirse:
- En Mateo 19:21 Jesús invita a seguirle: “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres. Así, Dios te dará un gran premio en el cielo. Luego ven y conviértete en uno de mis seguidores”.
- En Juan 5 Jesús motiva a un paralítico a levantarse y caminar: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se remueve. Cada vez que trato de meterme, alguien lo hace primero. Jesús le dijo: Levántate, alza tu camilla y camina”.
- En Juan 14 Jesús motiva a sus discípulos a tener fé: “Poco después, Jesús les dijo a sus discípulos: No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.”
- En Juan 16,33 Jesús motiva nuevamente a sus discípulos a tener valor: “Les digo estas cosas para que estén unidos a mí y así sean felices de verdad. Pero tengan valor: yo he vencido a los poderes que gobiernan este mundo”.
- En Marcos 1,15 Jesús invita a la gente de su tiempo a arrepentirse y seguirle: “Se ha cumplido el tiempo. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!”
En realidad la motivación no es nada más que animar a alguien a que proceda a hacer algo o de un determinado modo. Jesús era un maestro en animar e inspirar a la gente. Si queremos que nuestros miembros se inviertan de manera extraordinaria en la iglesia, debemos llamarlos e invitarlos ha hacer cosas extraordinarias.
El conocido motivador Dale Carnegie nos puntualiza la esencia de la motivación: “Hay sólo una manera de hacer que alguien haga algo. ¿Ha pensado en eso alguna vez? Sí, sólo una manera. Y esa es hacer que la persona desee hacerlo”.
Los mayores enemigos del hábito de motivar a la gente son:
1. La pereza: “Yo ni siquiera puedo motivarme a mi mismo; ¿cómo, entonces, voy a motivar a otros?”
2. Indiferencia: “Y luego de motivarle a alguien ¿qué?. Me quedo con el clavo.”
3. Comodidad: “Simplemente no deseo cambiar las cosas”
Querido líder o pastor, fórmese el hábito de motivar:
1. Encuentre su propia motivación en Cristo leyendo diariamente su Palabra y haciendo su voluntad.
2. Se positivo y motivador. Viva una vida que motiva a los demás a ir más alla de donde están.
3. Crea y comunique que todo es posible por medio de Dios.
4. Recuerde que el fracaso es el mejor maestro y el mejor motivador.
5. No acepte como respuesta un “así son las cosas”
6. Trabaje y realice obras con lo motivadores en su iglesia.
- En Mateo 19:21 Jesús invita a seguirle: “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres. Así, Dios te dará un gran premio en el cielo. Luego ven y conviértete en uno de mis seguidores”.
- En Juan 5 Jesús motiva a un paralítico a levantarse y caminar: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se remueve. Cada vez que trato de meterme, alguien lo hace primero. Jesús le dijo: Levántate, alza tu camilla y camina”.
- En Juan 14 Jesús motiva a sus discípulos a tener fé: “Poco después, Jesús les dijo a sus discípulos: No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí.”
- En Juan 16,33 Jesús motiva nuevamente a sus discípulos a tener valor: “Les digo estas cosas para que estén unidos a mí y así sean felices de verdad. Pero tengan valor: yo he vencido a los poderes que gobiernan este mundo”.
- En Marcos 1,15 Jesús invita a la gente de su tiempo a arrepentirse y seguirle: “Se ha cumplido el tiempo. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!”
En realidad la motivación no es nada más que animar a alguien a que proceda a hacer algo o de un determinado modo. Jesús era un maestro en animar e inspirar a la gente. Si queremos que nuestros miembros se inviertan de manera extraordinaria en la iglesia, debemos llamarlos e invitarlos ha hacer cosas extraordinarias.
El conocido motivador Dale Carnegie nos puntualiza la esencia de la motivación: “Hay sólo una manera de hacer que alguien haga algo. ¿Ha pensado en eso alguna vez? Sí, sólo una manera. Y esa es hacer que la persona desee hacerlo”.
Los mayores enemigos del hábito de motivar a la gente son:
1. La pereza: “Yo ni siquiera puedo motivarme a mi mismo; ¿cómo, entonces, voy a motivar a otros?”
2. Indiferencia: “Y luego de motivarle a alguien ¿qué?. Me quedo con el clavo.”
3. Comodidad: “Simplemente no deseo cambiar las cosas”
Querido líder o pastor, fórmese el hábito de motivar:
1. Encuentre su propia motivación en Cristo leyendo diariamente su Palabra y haciendo su voluntad.
2. Se positivo y motivador. Viva una vida que motiva a los demás a ir más alla de donde están.
3. Crea y comunique que todo es posible por medio de Dios.
4. Recuerde que el fracaso es el mejor maestro y el mejor motivador.
5. No acepte como respuesta un “así son las cosas”
6. Trabaje y realice obras con lo motivadores en su iglesia.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Familia. Educacion y Enseñanza
FAMILIA. EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA.
La f. desempeña un papel de primordial importancia en la educación (v.), no sólo por lo que se refiere a la función que ejercen los padres con los hijos, sino a la que cada uno de sus miembros realiza en relación a los demás, pues a todos los componentes de la f. les compete en este tema una tarea activa y pasiva a la vez (v. I, 5).
1. Elementos de la familia. La f. consta de elementos personales y materiales:
1) Los elementos personales son de dos tipos: fundamentales, que son los padres (su unidad forma el núcleo de la f.) y los hijos: son éstos precisamente quienes ensanchan la f., logrando su plenitud, pues las relaciones «familiares normales» se ordenan en torno al hijo, en función del hijo y para el hijo (v. M. Porot, La familia y el niño, o. c. en bibl., 11-17); y no fundamentales, entre quienes se cuentan los demás parientes y el servicio dependiente de la familia.
2) Los elementos materiales; tales como la casa y similares, que hacen agradable y fácil la convivencia familiar (mobiliario, decoración, jardín, aparatos electrodomésticos o audiovisuales, trabajo, mínimo vital, etc.), también tienen un importante papel en la vida y educación de la f., pues facilitan los primeros elementos perceptivos que habrán de constituir la base de la futura vida intelectual del niño, y forman, por así decir, el núcleo fundamental del espacio vital.
Todos estos elementos deben estar íntimamente relacionados entre sí con el fin de lograr ese equilibrio y unidad psicológica propio de una f. que exige comprensión mutua, confianza, afecto, convivencia en momentos de trabajo y de ocio, ayuda en las necesidades..., y en cuya experiencia (renuncias, pequeños roces, injusticias y sacrificios por los demás) encuentra el niño el principal material con el que aprende su oficio de hombre.
Si bien la solidaridad familiar es común a todos sus elementos, cada uno presenta, por decirlo así, una característica o misión propia, debiendo no obstante -aunque lo haga con una cierta dificultad y defectuosamente- suplir y participar en las de los otros elementos. La autoridad (v.), constitutivo esencial de la sociedad humana, en sí misma se atribuye al padre, aunque en la práctica resida también en la madre y en todo aquel que tenga alguna función efectiva de asistencia, responsabilidad o sacrificio (Schelsky la denomina «autoridad de función», o. c. en bibl., 318). Esta patria potestas no ha de ser arbitraria ni despótica, sino basarse en el amor y ser puesta en beneficio del hijo, atemperándose, por tanto, a las condiciones concretas de su personalidad. El amor, que es el alma de la institución familiar, se atribuye como característica a la madre, una de cuyas principales tareas consiste en proteger y desarrollar los nobles sentimientos de sus hijos. A éstos corresponde influir decisivamente en la colaboración y comprensión mutuas, despertando un afán de servicio y de entrega a los demás y suavizando y dignificando el «encuentro» con el otro sexo. Por último, los restantes elementos personales (presencia de los abuelos y unión indisoluble de los esposos, principalmente) y materiales (hogar y patrimonio) proporcionan la necesaria sensación de seguridad y amparo y la imagen viva de toda la institución familiar.
Las relaciones familiares pueden darse dentro o fuera de la familia:
1) Relaciones internas. Pueden ser: a) conyugales, que son la base de la f. y por consiguiente de la educación de sus miembros, siendo decisivo su influjo, al ser espectáculo permanente para los hijos; b) paterno-filiales, que son las más específicamente educativas, ya que las cualidades de los padres influyen y se transmiten a los hijos; los padres, al valorar las posibles faltas de los hijos y usar una razonada disciplina, deben tener presente que su patria potestad no es un mero derecho que justifique su egoísmo o la compensación de antiguas frustraciones (p. ej., obligar a dedicarse a una determinada profesión), sino que está enfocada al bien de los hijos; la aplicación práctica de esta consideración protectora lleva consigo una mayor confianza por parte filial y una más fácil resolución de sus conflictos personales; c) fraternas, basadas en un plano de fundamental igualdad (las anteriores lo hacían en la autoridad): ofrecen de hecho competición mutua más que protección, ayudando así a la futura rivalidad y competencia características de la sociedad; y d) relaciones con amigos y demás personas en contacto con la f., de enorme valor educativo pues, al ser espontáneas, los miembros de la f. suelen abrirse ante ellas con mayor confianza que ante los demás integrantes de la misma.
2) Relaciones externas. La f. no debe estar cerrada en sí misma, sino, por el contrario, abierta al resto de la sociedad en la que se encuentra, colaborando con muchas otras personas y entidades, entre las que destaca la escuela, la parroquia o institución religiosa similar, asociaciones culturales y recreativas, clubs deportivos, etc. Todos ellos, que forman el llamado ambiente o milieu, influyen en gran medida en los distintos miembros de la familia.
2. Disgregación familiar. Los rasgos de una f. ideal son monogamia, unida por el sacramento indisoluble del matrimonio, bajo la jefatura paterna y la colaboración materna; reconocimiento de la dignidad y derechos de padres e hijos -a éstos de manera progresiva-; prole de ambos sexos; razonable libertad de los hijos para elegir estado y profesión; presencia de los abuelos y demás familiares; suficientes ingresos y existencia de un patrimonio familiar... En fin, toda una serie de cualidades que, aunque difícilmente pueden darse juntas, sirven como ideal al que hay que procurar acercarse al máximo.
La ausencia de alguno de estos factores presenta cuadros que, llegados a un cierto grado, no hacen del hogar el papel que debería desempeñar para el hijo y empiezan a ser patológicos, originando la llamada disgregación familiar. Sus factores causales son muy diversos y, por lo general, intrincados y de difícil separación entre sí. No obstante, por una mayor claridad didáctica, pueden diferenciarse en socio-familiares, de orden primordialmente material, y psicológicos, más propios de la unión y personalidad conyugal.
1) Los factores socio-familiares disgregantes hacen que el niño desconozca las leyes normales de moralidad y sociabilidad y se acostumbre desde pequeño a los vicios que ve en sus padres. La causa principal es la ausencia de uno de los padres, por separación, divorcio, abyección, demencia, enajenación mental o fallecimiento. También influye la delincuencia paterna, corrupción moral, embriaguez, mendicidad y vagabundeo. analfabetismo..., pues la influencia negativa de uno de los padres no suele contrapesarse por la de otro cónyuge (el 5080% de los delincuentes proceden de familias rotas). Existe además otra serie de factores sociológicos de disgregación totalmente independientes de la personalidad de los padres, pero cuya importancia no puede despreciarse: guerras, calamidades, pobreza y miseria, hacinamiento, paro, inmoralidad...
2) Factores psicológicos. Frecuentemente basta un trastorno afectivo para desunir un hogar; se dan en los diversos miembros de la f., no sólo en cuanto individuos, sino también en cuanto partes de la familia: incapacidad para pasar del estado de individuo al de cónyuge, del de cónyuge al de padre y, finalmente, tener una noción clara de lo que es un hogar y de lo que éste exige a cada uno (cfr. Porot, o. c., 32-65). Analicemos brevemente los principales aspectos de disgregación familiar, vistos desde cada uno de sus elementos:
a) Hogar. Los hogares inestables suelen ser los más perjudiciales para el niño; nos encontramos ante la llamada ruptura conyugal paliada, cuyas formas más frecuentes son las desavenencias agudas (hacen que el niño conciba la f. como una sociedad para discutir sin tregua), los desacuerdos latentes (para hacerse una guerra fría), las evasiones y refugios (para fingir artificiosamente que uno cumple su deber) y las compensaciones sexuales (para dejarse arrastrar por apasionamientos malsanos, al transferir al niño el amor conyugal). Si los hogares inestables pueden repararse, no ocurre lo mismo con los denominados hogares destruidos, por causa de muerte, abandono o divorcio entre los cónyuges, que obstaculizan la evolución psicológica de los hijos, a no ser que -caso poco frecuente- éstos hubieran ya adquirido una vigorosa personalidad. Su influencia sobre los niños depende también de la edad, del nivel de evolución afectiva, de las condiciones en que se produjo la desaparición o divorcio del padre o madre, y de la forma en que se dispuso la suerte del niño. De ahí la importancia reservada, en estas situaciones, a instituciones tutelares, psicoterapeutas y educadores. (Sobre los efectos del divorcio en los hijos, v. C. Hafter, Kinder aus geschieden Ehen, Berna 1940).
b)Padre. Puede influir negativamente en sus hijos, por exceso (hiperproteccionismo, tiranía e insultos verbales, castigos crueles, malos tratos, autoridad poco comprensiva...), o por defecto (ausencia real o virtual del hogar). La ausencia real, por muerte, encarcelamiento o alejamiento prolongado (viajantes, marinos, emigrantes, etc.) lleva consigo la carencia de autoridad paterna, que representa una perjudicial influencia en los hijos, en quienes pueden aparecer diversos trastornos. Consecuencias prácticas similares producen los padres que, aunque físicamente siguen en el hogar, actúan como si no estuvieran en él, por «trabajar demasiado», mero egoísmo o, dentro ya del campo patológico, por ser esquizoides que se evaden de la realidad soñando. (Sobre las consecuencias a largo plazo de la falta de autoridad paterna, v. 1.-M. Sutter y H. Luccioni, Le syndrome de la carente d'autorité, «Année médical-psychologique», 115-1, 897-901, mayo 1957).
Existen también otros casos particulares en los que se puede encontrar el padre respecto a sus hijos, y que aquí sólo citaremos: padre adoptivo, padre sólo (viudo o divorciado) y padrastro (cfr. R. Scholl, Erziehungsschwierigkeiten be¡ Kindern aus unvollstündigén Familien, Stuttgart 1949, 70).
c) Madre. También puede ejercer una influencia perjudicial en sus hijos, tanto por exceso (se describen diferentes tipos de «madre abusiva», mujer que no acepta su feminidad, madre escrupulosa en exceso o que quiere «demasiado» a sus hijos, mujer demente, cfr. Porot, o. c., 115-134) como por defecto, ya sea por ausencia total (p. ej., muerte), ya por carencia afectiva duradera respecto al hijo. La necesidad de la presencia materna se comprende por sentido común: «el niño de pecho y el niño pequeño deben ser criados en un ambiente cálido y estar unidos a su madre por un vínculo afectivo íntimo y constante, fuente para ambos de alegría y satisfacción. El niño necesita sentir que es objeto de orgullo y placer para su madre, y ésta necesita sentir un enriquecimiento de su personalidad a través de la de su hijo; una y otro necesitan sentirse íntimamente identificados... El papel de la madre no puede cifrarse en horas de presencia; la única medida aceptable es la dicha que madre e hijo sienten al hallarse juntos. Únicamente la continuidad de esta mutua presencia permite la alegría y la identificación de sentimientos» (1. Bowlby, Soins maternels et santé mentale, Ginebra 1951). Si es ineludible su sustitución -teniendo en cuenta, no obstante, que no se puede reemplazar a los padres «en el espíritu y en el corazón del niño; hay que limitarse a sucederles, salvo si se trata de un niño muy pequeño» (1. Boutonier)-, conviene no olvidar que, junto al alimento material preciso, el niño necesita el correspondiente alimento afectivo que nunca ha de faltar. De otra manera nos encontraremos con los síntomas y trastornos conocidos con el término «hospitalismo», acuñado por R. A. Spitz (Hospitalisme, «The Psychoanalitic study of the child», 1945). Entre los casos particulares dignos de mención tenemos, al igual que en el padre, la madre adoptiva -su exceso de ternura las hace ser superprotectoras (v. G. Heuyer, P. Desclaux y Teysseire, £tude de 183 cas de situación dif ficile au cours de l'adoptioh, «Sauvegarde», n° 5, 357-365, mayo 1951)-, la madre solitaria, por ser viuda, divorciada o soltera (v. H. Schroeder, Das Problem der Unehelichen, Leipzig 1924) o la madrastra, de tan mala reputación en la vida cotidiana y en la literatura (H. Kühn, Psychologische Untersuchung über der Stiefmutterproblem, «Zeitschrift für angewandte Psychologie», 1934).
d) Abuelos. Su valioso papel de formación y apoyo de los matrimonios jóvenes puede verse transformado en un considerable obstáculo si caen en frecuentes excesos, tales como una presencia continua en el nuevo hogar -con un permanente conflicto intergeneracional-, un querer continuar siendo padres, sin querer aceptar su nueva función de abuelos -aparece una competencia de autoridad y cariño entre padres y abuelos ante el hijo- y no saber dominar su situación de suegros (v. 1. C. Flügel, Psicoanálisis de la familia, Buenos Aires).
e) Hermanos. Influye mucho su número, el lugar ocupado dentro de la f. (mayor, mediano o benjamín), su sexo..., además de las posibles situaciones anormales de gemelos -suelen ser la forma más satisfactoria de fraternidad en cuanto al desarrollo social y afectivo se refiere, máxime si son de distinto sexo (Porot, o. c., 201233)-, huérfanos, abandonados o hijos únicos -tendentes al mimo y educación formalista, aislados de los demás, apegados de manera a veces enfermiza a sus padres, con inclinaciones neuróticas, etc- (E. Hermann, Das einzige Kind, Stuttgart 1952, 16-26).
Las anteriores causas y aspectos de disgregación familiar, aunque frecuentes, no deben sugerir al lector la conclusión pesimista de que es inútil todo esfuerzo encaminado a lograr un hogar agradable. Por el contrario, debe tener siempre presente que el hogar es una realidad viviente y, como tal, dinámica, en constante y progresiva realización. El darse cuenta de esta continua evolución -todo lo que tiene vida presenta innumerables posibilidades- es quizá uno de los secretos en que se basa el equilibrio de la familia. Y ante las dificultades de la vida cotidiana, nada mejor que el amor -conyugal y filial- como el vínculo más vigoroso y el factor de vida más fecundo de la familia.
3. La familia y la educación. Cuando se dice que la f. es un ambiente educativo, se quiere indicar que es una institución, como la Iglesia y la sociedad civil, con la misión de intervenir en la educación de los hijos. Más aún, la f. tiene una importancia decisiva en la estructuración de la personalidad infantil, gracias a su influjo afectivo, desinteresado y ejemplar, que produce el deseado equilibrio y adaptación personal y social. Y su valor educativo aumenta hasta lo absoluto en la edad preescolar, en la que prácticamente es el único elemento educativo del niño. Lo dice Pío XI: «el primer ambiente natural y necesarip de la educación es la familia» (enc. Divini illius Magistri). La experiencia justifica nuestra afirmación, mostrándonos la correlación entre la delincuencia juvenil y el abandono de los deberes educativos de los padres, o entre la contracción familiar, que entorpece una educación familiar normal, y el divorcio. Igualmente el descuido del fin educativo coincide históricamente con épocas decadentes y de íntimo o manifiesto malestar. La f., por tanto, al ser una comunidad duradera de padres e hijos, es la sociedad educativa más antigua, intensiva y extensiva.
No faltan tampoco argumentos éticos y filosóficos que justifiquen a la f. como causa eficiente y final de la educación. Veámoslo brevemente:
1) La f. es causa eficiente de la educación: a) argumento ético: los padres, que dan el ser a sus hijos, deben llevar ese ser a una perfección suficiente para vivir según cumple a una persona humana (Sum. Th., 2-2 8102 al); b) argumento psicológico: nadie posee en mayor grado que los padres dos cualidades indispensables para la educación: comprender al niño y amarle hasta sacrificarse por él (S. Tomás dice que el niño se encuentra en la f. «sub quodam spirituali utero», Sum. Th. 2-2 q10 al2); c) argumento teológico: el Evangelio cuenta que Jesús «estaba sujeto a sus padres... mientras crecía en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc 2,51-52).
2) La f. es causa final de la educación, o lo que es igual, la educación humana reclama esencialmente que se eduque para la f. presente y futura: a) argumento ético: si de hecho el hombre nace y se desenvuelve en una f. y tiende a crear una nueva f., la educación no puede menos que incluir entre sus objetivos primordiales una finalidad familiar, ya que el hombre ha de realizar su cometido providencial en un marco familiar; b) argumento psico-pedagógico: «si a alguien no se le educa para la familia, toda su educación -incluso la que no tiene ninguna relación directa con esta finalidad- será deficientísima» (v. J. Tusquets, o. c., 35-44).
La f., instituida por Dios para procrear y educar a los hijos, es la primera sociedad natural con derecho a la educación, es decir, «tiene prioridad de naturaleza y, consiguientemente, respecto a la sociedad civil» en materia educativa (Divini illius Magistri), teniéndose que limitar el Estado a una función subsidiaria, complementaria y supletoria. El título que justifica este derecho es la generación de los hijos, que lleva consigo el deber, y también el derecho, de educarles: «A los padres, escribe Juan XXIII, corresponde en primer lugar el derecho de mantener y educar a sus propios hijos» (enc. Pacem in terris).
Este derecho es originario -anterior a cualquier otro derecho humano a la educación, por provenir directamente de Dios-, inviolable -sería ir contra la justicia natural, dice S. Tomás, educarles contra el sentido que quieren los padres o sustraerlos a su voluntad (Pío XI, Mit brennender Sorge), irrenunciable e inalienable. Ni siquiera los padres pueden renunciar a dicho derecho, «por estar inseparablemente unido con una estricta obligación» (Divini illius Magistri). El ámbito del derecho de la f. a la educación se extiende a todos los aspectos y en especial al moral-religioso y cívico, lo cual no quiere decir que deban hacerlo directamente y en su totalidad los padres, sino que pueden ayudarle instituyendo o eligiendo escuelas para sus hijos y colaborando con las mismas (v. F. Armenteros y J. Martín Ramírez, La iniciativa y la colaboración de la escuela y la familia en Europa, Pamplona 1968).
Desde el punto de vista de la organización de la enseñanza, esta doctrina tiene como principales consecuencias:
1) El reconocimiento de la libertad de enseñanza, pues al no poderse educar íntegramente en la f. y tener ésta por otra parte la misión de decidir y orientar, los padres deben poder elegir escuela, y cuando las existentes no satisfagan sus criterios sobre la educación de los hijos, poder igualmente crear nuevos centros educativos (v. J. Martín Ramírez y E. Molano, La creación de nuevas Escuelas Europeas, «Nuestro Tiempo», Pamplona 1969). «Es necesario, declara el Conc. Vaticano 11, que los padres, cuya primera e intransferible obligación y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas» (Decl. Gravissimum educationis; V. ENSEÑANZA 11).
2) La concesión de igualdad de oportunidades (v. IGUALDAD 111) a las escuelas públicas y privadas, pues lo contrario (p. ej., instrucción obligatoria y gratuita sólo a las estatales) es injusto y priva a los padres de poder ejercitar en la práctica su derecho a elegir la educación de sus hijos; se ha de subvencionar, por tanto, a toda escuela, pública o privada, que reúna un mínimo de requisitos educativos. «El poder público debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma que los padres puedan escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos» (Gravissimum educationis, 6).
V. t.: MATRIMONIO IV y V; EDUCACIÓN; ESCUELA; ESTADO II; SOCIEDAD; IGLESIA IV, 5 y 6.
BIBL.: Introducción general: J. GARCÍA YAGÜE, Familia, en Diccionario de Pedagogía, II, 2 ed. Barcelona 1970, 410 ss.; VARIOS, Conclusiones del Il Congreso de la familia española, Madrid 1962; J. TUSQUETs, Revisión de la pedagogía familiar, Madrid 1958; J. LECLERCQ, La familia, 5 ed. Barcelona 1967; M. POROT, La familia y el niño, 5 ed. Barcelona 1968; I. GOMÁ, La familia, 6 ed. Barcelona 1952; W. J. GOODE, The family, Nueva jersey 1965; M. MEAD y K. HEYMAN, Family, Nueva York 1965; J. EsCRIVÁ DE BALAGUER, La mujer en la vida del mundo y de la Iglesia, en Conversaciones, 7 ed. Madrid 1970, 163-221 (n° 87113).
J. MARTÍN RAMÍREZ.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
La f. desempeña un papel de primordial importancia en la educación (v.), no sólo por lo que se refiere a la función que ejercen los padres con los hijos, sino a la que cada uno de sus miembros realiza en relación a los demás, pues a todos los componentes de la f. les compete en este tema una tarea activa y pasiva a la vez (v. I, 5).
1. Elementos de la familia. La f. consta de elementos personales y materiales:
1) Los elementos personales son de dos tipos: fundamentales, que son los padres (su unidad forma el núcleo de la f.) y los hijos: son éstos precisamente quienes ensanchan la f., logrando su plenitud, pues las relaciones «familiares normales» se ordenan en torno al hijo, en función del hijo y para el hijo (v. M. Porot, La familia y el niño, o. c. en bibl., 11-17); y no fundamentales, entre quienes se cuentan los demás parientes y el servicio dependiente de la familia.
2) Los elementos materiales; tales como la casa y similares, que hacen agradable y fácil la convivencia familiar (mobiliario, decoración, jardín, aparatos electrodomésticos o audiovisuales, trabajo, mínimo vital, etc.), también tienen un importante papel en la vida y educación de la f., pues facilitan los primeros elementos perceptivos que habrán de constituir la base de la futura vida intelectual del niño, y forman, por así decir, el núcleo fundamental del espacio vital.
Todos estos elementos deben estar íntimamente relacionados entre sí con el fin de lograr ese equilibrio y unidad psicológica propio de una f. que exige comprensión mutua, confianza, afecto, convivencia en momentos de trabajo y de ocio, ayuda en las necesidades..., y en cuya experiencia (renuncias, pequeños roces, injusticias y sacrificios por los demás) encuentra el niño el principal material con el que aprende su oficio de hombre.
Si bien la solidaridad familiar es común a todos sus elementos, cada uno presenta, por decirlo así, una característica o misión propia, debiendo no obstante -aunque lo haga con una cierta dificultad y defectuosamente- suplir y participar en las de los otros elementos. La autoridad (v.), constitutivo esencial de la sociedad humana, en sí misma se atribuye al padre, aunque en la práctica resida también en la madre y en todo aquel que tenga alguna función efectiva de asistencia, responsabilidad o sacrificio (Schelsky la denomina «autoridad de función», o. c. en bibl., 318). Esta patria potestas no ha de ser arbitraria ni despótica, sino basarse en el amor y ser puesta en beneficio del hijo, atemperándose, por tanto, a las condiciones concretas de su personalidad. El amor, que es el alma de la institución familiar, se atribuye como característica a la madre, una de cuyas principales tareas consiste en proteger y desarrollar los nobles sentimientos de sus hijos. A éstos corresponde influir decisivamente en la colaboración y comprensión mutuas, despertando un afán de servicio y de entrega a los demás y suavizando y dignificando el «encuentro» con el otro sexo. Por último, los restantes elementos personales (presencia de los abuelos y unión indisoluble de los esposos, principalmente) y materiales (hogar y patrimonio) proporcionan la necesaria sensación de seguridad y amparo y la imagen viva de toda la institución familiar.
Las relaciones familiares pueden darse dentro o fuera de la familia:
1) Relaciones internas. Pueden ser: a) conyugales, que son la base de la f. y por consiguiente de la educación de sus miembros, siendo decisivo su influjo, al ser espectáculo permanente para los hijos; b) paterno-filiales, que son las más específicamente educativas, ya que las cualidades de los padres influyen y se transmiten a los hijos; los padres, al valorar las posibles faltas de los hijos y usar una razonada disciplina, deben tener presente que su patria potestad no es un mero derecho que justifique su egoísmo o la compensación de antiguas frustraciones (p. ej., obligar a dedicarse a una determinada profesión), sino que está enfocada al bien de los hijos; la aplicación práctica de esta consideración protectora lleva consigo una mayor confianza por parte filial y una más fácil resolución de sus conflictos personales; c) fraternas, basadas en un plano de fundamental igualdad (las anteriores lo hacían en la autoridad): ofrecen de hecho competición mutua más que protección, ayudando así a la futura rivalidad y competencia características de la sociedad; y d) relaciones con amigos y demás personas en contacto con la f., de enorme valor educativo pues, al ser espontáneas, los miembros de la f. suelen abrirse ante ellas con mayor confianza que ante los demás integrantes de la misma.
2) Relaciones externas. La f. no debe estar cerrada en sí misma, sino, por el contrario, abierta al resto de la sociedad en la que se encuentra, colaborando con muchas otras personas y entidades, entre las que destaca la escuela, la parroquia o institución religiosa similar, asociaciones culturales y recreativas, clubs deportivos, etc. Todos ellos, que forman el llamado ambiente o milieu, influyen en gran medida en los distintos miembros de la familia.
2. Disgregación familiar. Los rasgos de una f. ideal son monogamia, unida por el sacramento indisoluble del matrimonio, bajo la jefatura paterna y la colaboración materna; reconocimiento de la dignidad y derechos de padres e hijos -a éstos de manera progresiva-; prole de ambos sexos; razonable libertad de los hijos para elegir estado y profesión; presencia de los abuelos y demás familiares; suficientes ingresos y existencia de un patrimonio familiar... En fin, toda una serie de cualidades que, aunque difícilmente pueden darse juntas, sirven como ideal al que hay que procurar acercarse al máximo.
La ausencia de alguno de estos factores presenta cuadros que, llegados a un cierto grado, no hacen del hogar el papel que debería desempeñar para el hijo y empiezan a ser patológicos, originando la llamada disgregación familiar. Sus factores causales son muy diversos y, por lo general, intrincados y de difícil separación entre sí. No obstante, por una mayor claridad didáctica, pueden diferenciarse en socio-familiares, de orden primordialmente material, y psicológicos, más propios de la unión y personalidad conyugal.
1) Los factores socio-familiares disgregantes hacen que el niño desconozca las leyes normales de moralidad y sociabilidad y se acostumbre desde pequeño a los vicios que ve en sus padres. La causa principal es la ausencia de uno de los padres, por separación, divorcio, abyección, demencia, enajenación mental o fallecimiento. También influye la delincuencia paterna, corrupción moral, embriaguez, mendicidad y vagabundeo. analfabetismo..., pues la influencia negativa de uno de los padres no suele contrapesarse por la de otro cónyuge (el 5080% de los delincuentes proceden de familias rotas). Existe además otra serie de factores sociológicos de disgregación totalmente independientes de la personalidad de los padres, pero cuya importancia no puede despreciarse: guerras, calamidades, pobreza y miseria, hacinamiento, paro, inmoralidad...
2) Factores psicológicos. Frecuentemente basta un trastorno afectivo para desunir un hogar; se dan en los diversos miembros de la f., no sólo en cuanto individuos, sino también en cuanto partes de la familia: incapacidad para pasar del estado de individuo al de cónyuge, del de cónyuge al de padre y, finalmente, tener una noción clara de lo que es un hogar y de lo que éste exige a cada uno (cfr. Porot, o. c., 32-65). Analicemos brevemente los principales aspectos de disgregación familiar, vistos desde cada uno de sus elementos:
a) Hogar. Los hogares inestables suelen ser los más perjudiciales para el niño; nos encontramos ante la llamada ruptura conyugal paliada, cuyas formas más frecuentes son las desavenencias agudas (hacen que el niño conciba la f. como una sociedad para discutir sin tregua), los desacuerdos latentes (para hacerse una guerra fría), las evasiones y refugios (para fingir artificiosamente que uno cumple su deber) y las compensaciones sexuales (para dejarse arrastrar por apasionamientos malsanos, al transferir al niño el amor conyugal). Si los hogares inestables pueden repararse, no ocurre lo mismo con los denominados hogares destruidos, por causa de muerte, abandono o divorcio entre los cónyuges, que obstaculizan la evolución psicológica de los hijos, a no ser que -caso poco frecuente- éstos hubieran ya adquirido una vigorosa personalidad. Su influencia sobre los niños depende también de la edad, del nivel de evolución afectiva, de las condiciones en que se produjo la desaparición o divorcio del padre o madre, y de la forma en que se dispuso la suerte del niño. De ahí la importancia reservada, en estas situaciones, a instituciones tutelares, psicoterapeutas y educadores. (Sobre los efectos del divorcio en los hijos, v. C. Hafter, Kinder aus geschieden Ehen, Berna 1940).
b)Padre. Puede influir negativamente en sus hijos, por exceso (hiperproteccionismo, tiranía e insultos verbales, castigos crueles, malos tratos, autoridad poco comprensiva...), o por defecto (ausencia real o virtual del hogar). La ausencia real, por muerte, encarcelamiento o alejamiento prolongado (viajantes, marinos, emigrantes, etc.) lleva consigo la carencia de autoridad paterna, que representa una perjudicial influencia en los hijos, en quienes pueden aparecer diversos trastornos. Consecuencias prácticas similares producen los padres que, aunque físicamente siguen en el hogar, actúan como si no estuvieran en él, por «trabajar demasiado», mero egoísmo o, dentro ya del campo patológico, por ser esquizoides que se evaden de la realidad soñando. (Sobre las consecuencias a largo plazo de la falta de autoridad paterna, v. 1.-M. Sutter y H. Luccioni, Le syndrome de la carente d'autorité, «Année médical-psychologique», 115-1, 897-901, mayo 1957).
Existen también otros casos particulares en los que se puede encontrar el padre respecto a sus hijos, y que aquí sólo citaremos: padre adoptivo, padre sólo (viudo o divorciado) y padrastro (cfr. R. Scholl, Erziehungsschwierigkeiten be¡ Kindern aus unvollstündigén Familien, Stuttgart 1949, 70).
c) Madre. También puede ejercer una influencia perjudicial en sus hijos, tanto por exceso (se describen diferentes tipos de «madre abusiva», mujer que no acepta su feminidad, madre escrupulosa en exceso o que quiere «demasiado» a sus hijos, mujer demente, cfr. Porot, o. c., 115-134) como por defecto, ya sea por ausencia total (p. ej., muerte), ya por carencia afectiva duradera respecto al hijo. La necesidad de la presencia materna se comprende por sentido común: «el niño de pecho y el niño pequeño deben ser criados en un ambiente cálido y estar unidos a su madre por un vínculo afectivo íntimo y constante, fuente para ambos de alegría y satisfacción. El niño necesita sentir que es objeto de orgullo y placer para su madre, y ésta necesita sentir un enriquecimiento de su personalidad a través de la de su hijo; una y otro necesitan sentirse íntimamente identificados... El papel de la madre no puede cifrarse en horas de presencia; la única medida aceptable es la dicha que madre e hijo sienten al hallarse juntos. Únicamente la continuidad de esta mutua presencia permite la alegría y la identificación de sentimientos» (1. Bowlby, Soins maternels et santé mentale, Ginebra 1951). Si es ineludible su sustitución -teniendo en cuenta, no obstante, que no se puede reemplazar a los padres «en el espíritu y en el corazón del niño; hay que limitarse a sucederles, salvo si se trata de un niño muy pequeño» (1. Boutonier)-, conviene no olvidar que, junto al alimento material preciso, el niño necesita el correspondiente alimento afectivo que nunca ha de faltar. De otra manera nos encontraremos con los síntomas y trastornos conocidos con el término «hospitalismo», acuñado por R. A. Spitz (Hospitalisme, «The Psychoanalitic study of the child», 1945). Entre los casos particulares dignos de mención tenemos, al igual que en el padre, la madre adoptiva -su exceso de ternura las hace ser superprotectoras (v. G. Heuyer, P. Desclaux y Teysseire, £tude de 183 cas de situación dif ficile au cours de l'adoptioh, «Sauvegarde», n° 5, 357-365, mayo 1951)-, la madre solitaria, por ser viuda, divorciada o soltera (v. H. Schroeder, Das Problem der Unehelichen, Leipzig 1924) o la madrastra, de tan mala reputación en la vida cotidiana y en la literatura (H. Kühn, Psychologische Untersuchung über der Stiefmutterproblem, «Zeitschrift für angewandte Psychologie», 1934).
d) Abuelos. Su valioso papel de formación y apoyo de los matrimonios jóvenes puede verse transformado en un considerable obstáculo si caen en frecuentes excesos, tales como una presencia continua en el nuevo hogar -con un permanente conflicto intergeneracional-, un querer continuar siendo padres, sin querer aceptar su nueva función de abuelos -aparece una competencia de autoridad y cariño entre padres y abuelos ante el hijo- y no saber dominar su situación de suegros (v. 1. C. Flügel, Psicoanálisis de la familia, Buenos Aires).
e) Hermanos. Influye mucho su número, el lugar ocupado dentro de la f. (mayor, mediano o benjamín), su sexo..., además de las posibles situaciones anormales de gemelos -suelen ser la forma más satisfactoria de fraternidad en cuanto al desarrollo social y afectivo se refiere, máxime si son de distinto sexo (Porot, o. c., 201233)-, huérfanos, abandonados o hijos únicos -tendentes al mimo y educación formalista, aislados de los demás, apegados de manera a veces enfermiza a sus padres, con inclinaciones neuróticas, etc- (E. Hermann, Das einzige Kind, Stuttgart 1952, 16-26).
Las anteriores causas y aspectos de disgregación familiar, aunque frecuentes, no deben sugerir al lector la conclusión pesimista de que es inútil todo esfuerzo encaminado a lograr un hogar agradable. Por el contrario, debe tener siempre presente que el hogar es una realidad viviente y, como tal, dinámica, en constante y progresiva realización. El darse cuenta de esta continua evolución -todo lo que tiene vida presenta innumerables posibilidades- es quizá uno de los secretos en que se basa el equilibrio de la familia. Y ante las dificultades de la vida cotidiana, nada mejor que el amor -conyugal y filial- como el vínculo más vigoroso y el factor de vida más fecundo de la familia.
3. La familia y la educación. Cuando se dice que la f. es un ambiente educativo, se quiere indicar que es una institución, como la Iglesia y la sociedad civil, con la misión de intervenir en la educación de los hijos. Más aún, la f. tiene una importancia decisiva en la estructuración de la personalidad infantil, gracias a su influjo afectivo, desinteresado y ejemplar, que produce el deseado equilibrio y adaptación personal y social. Y su valor educativo aumenta hasta lo absoluto en la edad preescolar, en la que prácticamente es el único elemento educativo del niño. Lo dice Pío XI: «el primer ambiente natural y necesarip de la educación es la familia» (enc. Divini illius Magistri). La experiencia justifica nuestra afirmación, mostrándonos la correlación entre la delincuencia juvenil y el abandono de los deberes educativos de los padres, o entre la contracción familiar, que entorpece una educación familiar normal, y el divorcio. Igualmente el descuido del fin educativo coincide históricamente con épocas decadentes y de íntimo o manifiesto malestar. La f., por tanto, al ser una comunidad duradera de padres e hijos, es la sociedad educativa más antigua, intensiva y extensiva.
No faltan tampoco argumentos éticos y filosóficos que justifiquen a la f. como causa eficiente y final de la educación. Veámoslo brevemente:
1) La f. es causa eficiente de la educación: a) argumento ético: los padres, que dan el ser a sus hijos, deben llevar ese ser a una perfección suficiente para vivir según cumple a una persona humana (Sum. Th., 2-2 8102 al); b) argumento psicológico: nadie posee en mayor grado que los padres dos cualidades indispensables para la educación: comprender al niño y amarle hasta sacrificarse por él (S. Tomás dice que el niño se encuentra en la f. «sub quodam spirituali utero», Sum. Th. 2-2 q10 al2); c) argumento teológico: el Evangelio cuenta que Jesús «estaba sujeto a sus padres... mientras crecía en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc 2,51-52).
2) La f. es causa final de la educación, o lo que es igual, la educación humana reclama esencialmente que se eduque para la f. presente y futura: a) argumento ético: si de hecho el hombre nace y se desenvuelve en una f. y tiende a crear una nueva f., la educación no puede menos que incluir entre sus objetivos primordiales una finalidad familiar, ya que el hombre ha de realizar su cometido providencial en un marco familiar; b) argumento psico-pedagógico: «si a alguien no se le educa para la familia, toda su educación -incluso la que no tiene ninguna relación directa con esta finalidad- será deficientísima» (v. J. Tusquets, o. c., 35-44).
La f., instituida por Dios para procrear y educar a los hijos, es la primera sociedad natural con derecho a la educación, es decir, «tiene prioridad de naturaleza y, consiguientemente, respecto a la sociedad civil» en materia educativa (Divini illius Magistri), teniéndose que limitar el Estado a una función subsidiaria, complementaria y supletoria. El título que justifica este derecho es la generación de los hijos, que lleva consigo el deber, y también el derecho, de educarles: «A los padres, escribe Juan XXIII, corresponde en primer lugar el derecho de mantener y educar a sus propios hijos» (enc. Pacem in terris).
Este derecho es originario -anterior a cualquier otro derecho humano a la educación, por provenir directamente de Dios-, inviolable -sería ir contra la justicia natural, dice S. Tomás, educarles contra el sentido que quieren los padres o sustraerlos a su voluntad (Pío XI, Mit brennender Sorge), irrenunciable e inalienable. Ni siquiera los padres pueden renunciar a dicho derecho, «por estar inseparablemente unido con una estricta obligación» (Divini illius Magistri). El ámbito del derecho de la f. a la educación se extiende a todos los aspectos y en especial al moral-religioso y cívico, lo cual no quiere decir que deban hacerlo directamente y en su totalidad los padres, sino que pueden ayudarle instituyendo o eligiendo escuelas para sus hijos y colaborando con las mismas (v. F. Armenteros y J. Martín Ramírez, La iniciativa y la colaboración de la escuela y la familia en Europa, Pamplona 1968).
Desde el punto de vista de la organización de la enseñanza, esta doctrina tiene como principales consecuencias:
1) El reconocimiento de la libertad de enseñanza, pues al no poderse educar íntegramente en la f. y tener ésta por otra parte la misión de decidir y orientar, los padres deben poder elegir escuela, y cuando las existentes no satisfagan sus criterios sobre la educación de los hijos, poder igualmente crear nuevos centros educativos (v. J. Martín Ramírez y E. Molano, La creación de nuevas Escuelas Europeas, «Nuestro Tiempo», Pamplona 1969). «Es necesario, declara el Conc. Vaticano 11, que los padres, cuya primera e intransferible obligación y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas» (Decl. Gravissimum educationis; V. ENSEÑANZA 11).
2) La concesión de igualdad de oportunidades (v. IGUALDAD 111) a las escuelas públicas y privadas, pues lo contrario (p. ej., instrucción obligatoria y gratuita sólo a las estatales) es injusto y priva a los padres de poder ejercitar en la práctica su derecho a elegir la educación de sus hijos; se ha de subvencionar, por tanto, a toda escuela, pública o privada, que reúna un mínimo de requisitos educativos. «El poder público debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma que los padres puedan escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos» (Gravissimum educationis, 6).
V. t.: MATRIMONIO IV y V; EDUCACIÓN; ESCUELA; ESTADO II; SOCIEDAD; IGLESIA IV, 5 y 6.
BIBL.: Introducción general: J. GARCÍA YAGÜE, Familia, en Diccionario de Pedagogía, II, 2 ed. Barcelona 1970, 410 ss.; VARIOS, Conclusiones del Il Congreso de la familia española, Madrid 1962; J. TUSQUETs, Revisión de la pedagogía familiar, Madrid 1958; J. LECLERCQ, La familia, 5 ed. Barcelona 1967; M. POROT, La familia y el niño, 5 ed. Barcelona 1968; I. GOMÁ, La familia, 6 ed. Barcelona 1952; W. J. GOODE, The family, Nueva jersey 1965; M. MEAD y K. HEYMAN, Family, Nueva York 1965; J. EsCRIVÁ DE BALAGUER, La mujer en la vida del mundo y de la Iglesia, en Conversaciones, 7 ed. Madrid 1970, 163-221 (n° 87113).
J. MARTÍN RAMÍREZ.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
ESTUDIO BIBLICO
1ESTUDIO SOBRE
LOS CUATRO
EVANGELIOS
Texto seleccionado: Lucas 1:1-4
I. Preguntas para el estudio bíblico inductivo.
1.1 ¿Quién fue Lucas?
Lucas 1:1
“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”
1.2 Si solamente sabemos que Mateo, Marcos y Juan escribieron la historia de Jesucristo, ¿por qué dice que fueron “muchos” los que lo intentaron? ¿Qué ocurrió con los demás escritos?
1.3 ¿Que significa “poner en orden la historia”?
1.4 ¿De qué otra manera podemos decir “la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”? (buscar en el diccionario el significado de ciertísimo(o certísimo o cierto)
Respuesta:
1.1 Lucas es una abreviación de Lucanos. Por medio de Colosenses 4:10-14 descubrimos que era gentil de nacimiento, porque después de mencionar algunos nombres y decir “son los únicos de la circuncisión (o judíos) que me ayudan en el reino de Dios” menciona a Lucas entre los gentiles que enviaban saludos. Algunos, como Jerónimo y Orígenes sostenían que Lucas era sirio, oriundo de la ciudad de Antioquía. Era, además, médico, según Colosenses 4:14 “Os saluda Lucas el médico amado...” Y una tradición posterior, transmitida por Teodoro el Lector dice que la emperatriz Eudoxia envió desde Jerusalén un cuadro de María pintado por Lucas (por eso le han dado el título de “patrono de la pintura cristiana”) aunque de esto último no tenemos ninguna certeza.
Lucas se unió al apóstol Pablo en su segundo viaje misionero y lo acompañó hasta Filipos, donde permaneció unos seis años y viajó luego con Pablo a Jerusalén, estuvo a su lado durante el cautiverio en Cesarea y en su viaje a Roma, probablemente hasta la muerte del apóstol Pablo, porque en su última a Timoteo dice “Solo Lucas está conmigo” (2 Timoteo 4:11).
No se sabe qué hizo Lucas después de la muerte de Pablo, solamente tenemos el dato de un antiguo escrito que dice así “En Bitinia, el triunfo de san Lucas Evangelista, el cual, habiendo padecido mucho por el nombre de Cristo, murió lleno del Espíritu Santo. Sus huesos fueron después trasladados a Constantinopla y de allí llevados a Padua.”
1.2 Todos estos intentos por escribir la historia de Jesucristo se perdieron, aunque quedaron algunos breves textos que fueron citados por los Padres de la Iglesia, que fueron denominados “ágrafa” (no escritos).Uno de estos ágrafas lo cita San Pablo en Hechos 20:35 “y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mas bienaventurado es dar que recibir.”
Posteriormente se han mencionado algunos evangelios, pero que no fueron aceptados por la iglesia, por ejemplo: El Evangelio de los Hebreos; el Evangelio de los Doce; el Evangelio de Tomás; de Pedro; de Felipe, y otros muchos más, incluso se menciona “El Evangelio de Judas Iscariote”
Ireneo, por el contrario reconoce solo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan y lo llama “Evangelio Cuadriforme”. Orígenes dice que “la Iglesia solo tiene cuatro evangelios pero la herejía muchos”. Eusebio de Cesarea cuando trata el Canon del Nuevo Testamento habla de la “Sagrada cuadriga de los evangelios” y San Agustín dice que es mejor hablar de cuatro libros de un solo evangelio antes que de cuatro evangelios. “Lo que escribieron los cuatro es un evangelio.”
1.3 Cuando Lucas escribió su evangelio, conocía el evangelio de Marcos y de Mateo, porque el evangelio de Juan aun no había sido escrito, y pudo notar que si bien Marcos sigue cierto orden en los acontecimientos pasa por alto algunos hechos que Lucas cree que no tuvo que haber omitido, y Mateo, por su parte no sigue un riguroso orden cronológico, sino que escribe en bloques temáticos.
La historia que había sido relatada era verdadera, pero necesitaba ser ampliada y completada en algunos casos. Esto es lo que Lucas intenta hacer.
1:4 Cierto: Conocido como verdadero, seguro, indubitable//Sabedor, seguro de la verdad de algún hecho.
En griego, Lucas emplea una palabra muy larga: peplhroforhmenwn (pepleroforemenon) que significa literalmente:“seguridad plena,
convicción, certeza”
Lucas 1:2
“Tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,”
2.1 ¿A quiénes se refiere? ¿Quiénes fueron los que lo vieron con sus ojos y enseñaron desde el principio?
2.2 ¿Qué es un “ministro de la palabra?”
Respuesta.
2.1 La enseñanza provino de los apóstoles y otros discípulos de Jesucristo, es decir, de primera mano, porque fueron testigos oculares (“lo vieron con sus ojos”) y también ministros de la palabra.
2.2 La expresión “ministros de la palabra” se traduce en otras versiones como “servidores de la Palabra” (Biblia de Jerusalén) o “predicadores del mensaje” (Nueva Biblia Española) e intenta traducir la palabra uphretai (huperetai) que significa “asistente, ayudante, colaborador, sirviente, guardia”. Es importante puntualizar todo su sentido para que nunca nos sirvamos de la Palabra ni jamás pensemos que la Palabra debe servirnos a nosotros o que tenemos derecho de manejarla como se nos dé la gana, sino que simple y llanamente somos sus siervos, sus asistentes, sus ayudantes, colaboradores y custodios.
Lucas1:3
“me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo.”
3.1 ¿Qué significa “haber investigado con diligencia”?
3.2 ¿Quién fue Teófilo?
Respuesta
3.1 “Diligencia” significa “Cuidado y actividad en ejecutar una cosa” Debemos dar gracias a Dios porque puso en Lucas un espíritu inquisitivo y una disposición de investigar y comprobar si lo que había escuchado o leído era verdad. Literalmente dice “después de haber investigado desde sus fuentes todas las cosas con todo esmero” (akribwV: con precisión, con cuidado y claridad). Lucas verificó cada historia escuchada, cada testimonio, cada sanidad y milagro antes de relatarlo. El fue a la misma fuente para constatar que realmente las cosas sucedieron como se las habían contado.
3.2 Teófilo: “Este nombre griego, que significa “amigo de Dios”, aparece sólo en el prólogo de las dos obras que escribió Lucas: el tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles. En el primer pasaje le califica de “muy noble o excelente”. ¿Quién era Teófilo? Para algunos se trataría de un mero personaje literario, una ficción” sin embargo “la opinión general no supone tal ficción, teniendo en cuenta el uso de los escritores grecorromanos de dirigir sus obras a personajes reales. En razón del título de “excelencia” con que Lucas honra a los altos magistrados romanos Festo y Félix, se ha pensado en un personaje cristiano de elevada posición social.” (Enciclopedia de la Biblia)
Lucas 1:4
“para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.”
4.1 La expresión “para que conozcas bien la verdad” tiene un propósito ¿Cuál es ese propósito?
Respuesta
4.1 Conocer “bien la verdad” es conocer los hechos tal como sucedieron. La Nueva Biblia Española traduce así “he resuelto escribírtelo por orden, para que compruebes la solidez de las enseñanzas que has recibido.” Porque la verdad, aunque sea verdad, puede carecer de solidez por que ha sido transmitida en forma exagerada o minimizada. Lucas se propuso decir la verdad aunque duela o perturbe, aunque sea o no creíble, porque sin integridad nunca podrá existir una base sólida en donde apoyar nuestra fe.
II. Aplicación práctica
1. Cada miembro del grupo puede convertirse en un “Lucas” durante esta semana, recopilando información sobre un hecho del pasado, para que los que lean conozcan “bien la verdad de las cosas”. Para lo cual necesita dos o tres testigos oculares, es decir, dos o tres personas que estuvieron presentes cuando ocurrió lo que se quiere contar.
Los hechos pueden estar relacionados con:
a. Los comienzos de la iglesia en nuestra ciudad: quién inició la obra y cómo ocurrió. Lograr una entrevista con dos o tres hermanos más “antiguos” de la congregación para que nos cuenten lo mismo. La entrevista debe ser por separado para que nadie influya sobre el otro.
b. Una sanidad o un milagro. (Es mejor que lo cuente el que recibió el milagro y sea corroborado su testimonio con dos o tres testigos)
c. Un incidente en una campaña evangelística.
d. Una experiencia con el proyecto evangelístico en la propia iglesia o fuera del país.
e. Cualquier hecho que tenga dos o tres testigos.
2. Entregar esta información en la próxima reunión de Grupo y dedicar unos 15 minutos para compartir brevemente las lecciones que aprendieron de esta experiencia. Aquellos que no se animan o les cuesta comunicarse o escribir, pueden realizar la tarea en equipo, con uno o dos miembros del mismo grupo.
III. Sugerencias para el Líder del grupo.
1. Cada nueva etapa que iniciamos es una oportunidad que nos da el Señor para mejorar nuestro servicio y para realizar cambios significativos no solo en el grupo sino en la propia vida. Puedes aprovechar esta semana para archivar los estudios anteriores, comprar un cuaderno nuevo para tus anotaciones y apuntes, ponerte al día con los informes; reorganizar tu tiempo para ocuparte más de tu Ayudante y tus dos Aprendices, etc.
2. Prepárate espiritualmente para infundir un espíritu de fe y optimismo. No te olvides de presentar la visión que Dios nos ha dado y proclama que este año tu grupo crecerá en la comunión con Dios, en la comunión los unos con los otros y crecerá en número de discípulos y se multiplicará en otro grupo.
3. Concluye la reunión orando por el crecimiento y la multiplicación. Es una buena ocasión para consagrar todos los proyectos, anhelos y actividades futuras al Señor, y pedirle que su unción y fortaleza los acompañe todos los días hasta su plena realización.
LOS CUATRO
EVANGELIOS
Texto seleccionado: Lucas 1:1-4
I. Preguntas para el estudio bíblico inductivo.
1.1 ¿Quién fue Lucas?
Lucas 1:1
“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”
1.2 Si solamente sabemos que Mateo, Marcos y Juan escribieron la historia de Jesucristo, ¿por qué dice que fueron “muchos” los que lo intentaron? ¿Qué ocurrió con los demás escritos?
1.3 ¿Que significa “poner en orden la historia”?
1.4 ¿De qué otra manera podemos decir “la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”? (buscar en el diccionario el significado de ciertísimo(o certísimo o cierto)
Respuesta:
1.1 Lucas es una abreviación de Lucanos. Por medio de Colosenses 4:10-14 descubrimos que era gentil de nacimiento, porque después de mencionar algunos nombres y decir “son los únicos de la circuncisión (o judíos) que me ayudan en el reino de Dios” menciona a Lucas entre los gentiles que enviaban saludos. Algunos, como Jerónimo y Orígenes sostenían que Lucas era sirio, oriundo de la ciudad de Antioquía. Era, además, médico, según Colosenses 4:14 “Os saluda Lucas el médico amado...” Y una tradición posterior, transmitida por Teodoro el Lector dice que la emperatriz Eudoxia envió desde Jerusalén un cuadro de María pintado por Lucas (por eso le han dado el título de “patrono de la pintura cristiana”) aunque de esto último no tenemos ninguna certeza.
Lucas se unió al apóstol Pablo en su segundo viaje misionero y lo acompañó hasta Filipos, donde permaneció unos seis años y viajó luego con Pablo a Jerusalén, estuvo a su lado durante el cautiverio en Cesarea y en su viaje a Roma, probablemente hasta la muerte del apóstol Pablo, porque en su última a Timoteo dice “Solo Lucas está conmigo” (2 Timoteo 4:11).
No se sabe qué hizo Lucas después de la muerte de Pablo, solamente tenemos el dato de un antiguo escrito que dice así “En Bitinia, el triunfo de san Lucas Evangelista, el cual, habiendo padecido mucho por el nombre de Cristo, murió lleno del Espíritu Santo. Sus huesos fueron después trasladados a Constantinopla y de allí llevados a Padua.”
1.2 Todos estos intentos por escribir la historia de Jesucristo se perdieron, aunque quedaron algunos breves textos que fueron citados por los Padres de la Iglesia, que fueron denominados “ágrafa” (no escritos).Uno de estos ágrafas lo cita San Pablo en Hechos 20:35 “y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mas bienaventurado es dar que recibir.”
Posteriormente se han mencionado algunos evangelios, pero que no fueron aceptados por la iglesia, por ejemplo: El Evangelio de los Hebreos; el Evangelio de los Doce; el Evangelio de Tomás; de Pedro; de Felipe, y otros muchos más, incluso se menciona “El Evangelio de Judas Iscariote”
Ireneo, por el contrario reconoce solo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan y lo llama “Evangelio Cuadriforme”. Orígenes dice que “la Iglesia solo tiene cuatro evangelios pero la herejía muchos”. Eusebio de Cesarea cuando trata el Canon del Nuevo Testamento habla de la “Sagrada cuadriga de los evangelios” y San Agustín dice que es mejor hablar de cuatro libros de un solo evangelio antes que de cuatro evangelios. “Lo que escribieron los cuatro es un evangelio.”
1.3 Cuando Lucas escribió su evangelio, conocía el evangelio de Marcos y de Mateo, porque el evangelio de Juan aun no había sido escrito, y pudo notar que si bien Marcos sigue cierto orden en los acontecimientos pasa por alto algunos hechos que Lucas cree que no tuvo que haber omitido, y Mateo, por su parte no sigue un riguroso orden cronológico, sino que escribe en bloques temáticos.
La historia que había sido relatada era verdadera, pero necesitaba ser ampliada y completada en algunos casos. Esto es lo que Lucas intenta hacer.
1:4 Cierto: Conocido como verdadero, seguro, indubitable//Sabedor, seguro de la verdad de algún hecho.
En griego, Lucas emplea una palabra muy larga: peplhroforhmenwn (pepleroforemenon) que significa literalmente:“seguridad plena,
convicción, certeza”
Lucas 1:2
“Tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,”
2.1 ¿A quiénes se refiere? ¿Quiénes fueron los que lo vieron con sus ojos y enseñaron desde el principio?
2.2 ¿Qué es un “ministro de la palabra?”
Respuesta.
2.1 La enseñanza provino de los apóstoles y otros discípulos de Jesucristo, es decir, de primera mano, porque fueron testigos oculares (“lo vieron con sus ojos”) y también ministros de la palabra.
2.2 La expresión “ministros de la palabra” se traduce en otras versiones como “servidores de la Palabra” (Biblia de Jerusalén) o “predicadores del mensaje” (Nueva Biblia Española) e intenta traducir la palabra uphretai (huperetai) que significa “asistente, ayudante, colaborador, sirviente, guardia”. Es importante puntualizar todo su sentido para que nunca nos sirvamos de la Palabra ni jamás pensemos que la Palabra debe servirnos a nosotros o que tenemos derecho de manejarla como se nos dé la gana, sino que simple y llanamente somos sus siervos, sus asistentes, sus ayudantes, colaboradores y custodios.
Lucas1:3
“me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo.”
3.1 ¿Qué significa “haber investigado con diligencia”?
3.2 ¿Quién fue Teófilo?
Respuesta
3.1 “Diligencia” significa “Cuidado y actividad en ejecutar una cosa” Debemos dar gracias a Dios porque puso en Lucas un espíritu inquisitivo y una disposición de investigar y comprobar si lo que había escuchado o leído era verdad. Literalmente dice “después de haber investigado desde sus fuentes todas las cosas con todo esmero” (akribwV: con precisión, con cuidado y claridad). Lucas verificó cada historia escuchada, cada testimonio, cada sanidad y milagro antes de relatarlo. El fue a la misma fuente para constatar que realmente las cosas sucedieron como se las habían contado.
3.2 Teófilo: “Este nombre griego, que significa “amigo de Dios”, aparece sólo en el prólogo de las dos obras que escribió Lucas: el tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles. En el primer pasaje le califica de “muy noble o excelente”. ¿Quién era Teófilo? Para algunos se trataría de un mero personaje literario, una ficción” sin embargo “la opinión general no supone tal ficción, teniendo en cuenta el uso de los escritores grecorromanos de dirigir sus obras a personajes reales. En razón del título de “excelencia” con que Lucas honra a los altos magistrados romanos Festo y Félix, se ha pensado en un personaje cristiano de elevada posición social.” (Enciclopedia de la Biblia)
Lucas 1:4
“para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.”
4.1 La expresión “para que conozcas bien la verdad” tiene un propósito ¿Cuál es ese propósito?
Respuesta
4.1 Conocer “bien la verdad” es conocer los hechos tal como sucedieron. La Nueva Biblia Española traduce así “he resuelto escribírtelo por orden, para que compruebes la solidez de las enseñanzas que has recibido.” Porque la verdad, aunque sea verdad, puede carecer de solidez por que ha sido transmitida en forma exagerada o minimizada. Lucas se propuso decir la verdad aunque duela o perturbe, aunque sea o no creíble, porque sin integridad nunca podrá existir una base sólida en donde apoyar nuestra fe.
II. Aplicación práctica
1. Cada miembro del grupo puede convertirse en un “Lucas” durante esta semana, recopilando información sobre un hecho del pasado, para que los que lean conozcan “bien la verdad de las cosas”. Para lo cual necesita dos o tres testigos oculares, es decir, dos o tres personas que estuvieron presentes cuando ocurrió lo que se quiere contar.
Los hechos pueden estar relacionados con:
a. Los comienzos de la iglesia en nuestra ciudad: quién inició la obra y cómo ocurrió. Lograr una entrevista con dos o tres hermanos más “antiguos” de la congregación para que nos cuenten lo mismo. La entrevista debe ser por separado para que nadie influya sobre el otro.
b. Una sanidad o un milagro. (Es mejor que lo cuente el que recibió el milagro y sea corroborado su testimonio con dos o tres testigos)
c. Un incidente en una campaña evangelística.
d. Una experiencia con el proyecto evangelístico en la propia iglesia o fuera del país.
e. Cualquier hecho que tenga dos o tres testigos.
2. Entregar esta información en la próxima reunión de Grupo y dedicar unos 15 minutos para compartir brevemente las lecciones que aprendieron de esta experiencia. Aquellos que no se animan o les cuesta comunicarse o escribir, pueden realizar la tarea en equipo, con uno o dos miembros del mismo grupo.
III. Sugerencias para el Líder del grupo.
1. Cada nueva etapa que iniciamos es una oportunidad que nos da el Señor para mejorar nuestro servicio y para realizar cambios significativos no solo en el grupo sino en la propia vida. Puedes aprovechar esta semana para archivar los estudios anteriores, comprar un cuaderno nuevo para tus anotaciones y apuntes, ponerte al día con los informes; reorganizar tu tiempo para ocuparte más de tu Ayudante y tus dos Aprendices, etc.
2. Prepárate espiritualmente para infundir un espíritu de fe y optimismo. No te olvides de presentar la visión que Dios nos ha dado y proclama que este año tu grupo crecerá en la comunión con Dios, en la comunión los unos con los otros y crecerá en número de discípulos y se multiplicará en otro grupo.
3. Concluye la reunión orando por el crecimiento y la multiplicación. Es una buena ocasión para consagrar todos los proyectos, anhelos y actividades futuras al Señor, y pedirle que su unción y fortaleza los acompañe todos los días hasta su plena realización.
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